Monumentos naturales para conocer y conservar

Roraima: Encuentro con la Montaña Sagrada

 

Formados hace aproximadamente dos mil años, los gigantes tepuies albergan en sus mesetas, una frágil y diversa flora y fauna endémica, envueltas por nubes, dioses, demonios y espíritus, según lo afirman las comunidades indígenas apostadas en sus faldas.


Al sur del estado Bolívar, en el Parque Nacional Canaima, se encuentra la muy frecuentada Gran Sabana, espacio reconocido por resguardar un verdadero mundo perdido, capaz de dilatar las pupilas y robar el aliento de viajeros y ávidos excursionistas, cuando pueden divisar en la distancia azules islas levantadas entre las verdes llanuras, y descubren entonces que han visto un tepui.


Formados hace aproximadamente dos mil años, estas montañas de gigantescas paredes verticales albergan en sus mesetas, una frágil y diversa flora y fauna endémica envueltas no tan sólo por nubes, sino también por dioses, demonios y espíritus, según afirman las comunidades indígenas apostadas en sus faldas.


Será la fusión del valor místico, natural y científico presente en estas mesetas, la razón por la que personas de todas las regiones del mundo cruzan fronteras y atraviesan océanos para alcanzar la cumbre del Roraima Tepui, la única montaña legalmente abierta al ecoturismo del conjunto de alrededor de cuarenta tepuies y montañas de arenisca presentes en los estados Bolívar y Amazonas.

Tras los ancestros…

Según los habitantes de San Francisco de Yuruaní, comunidad indígena pemón que, junto a la de Paraitepui, guían a los excursionistas a la montaña, en Roraima se encuentran los espíritus de sus ancestros, “Ellos están allí, como en una especie de limbo, esperando a que el mundo se convierta en una tierra más buena, para poder regresar.

La cima está habitada también por Taren, espíritu del amor, que lucha contra Amaiyicó, espíritu que se materializa en la persona amada, engañando al hombre enamorado, robándole el alma y sometiéndolo a los embates de alguna enfermedad.

El hombre enamorado se salva solamente si el Piache –hechicero o curandero– le da a probar Itaren, el antídoto”, nos explica Francisco Delascio, investigador botánico nacional y asesor científico del Jardín Botánico del Orinoco en Ciudad Bolívar.

 

Respetuosa caminata

 

Por difícil de creer que sea para algunos turistas, estas figuras mitológicas imponen sus condiciones al visitante que desee disfrutar de los hermosos bosques enanos y los otros atractivos de la meseta.

“De irrespetar a los dioses haciendo ruido o comportándose de manera desordenada, se nublará el cielo, comenzará a llover y el visitante no podrá conocer las maravillas de esta montaña”, advierte el baquiano y reconocido conservacionista Gumercindo Fernández, un guía pemón de pocas palabras quien en ningún momento hace alarde de su reputación como el guía más experimentado del Roraima Tepui.

 

Viaje al mundo perdido

La travesía al Roraima puede realizarla organizando la excursión con alguna de las agencias turísticas de Ciudad Bolívar o dirigiéndose directamente a San Francisco de Yuruaní (ubicada a 69 kilómetros de la fronteriza ciudad de Santa Elena de Uairén) y contactar a un guía pemón en esta comunidad indígena. En cualquiera de los casos, la aventura se completa en aproximadamente seis días.


Si se parte desde San Francisco de Yuruaní, se debe contratar un vehículo 4x4 que traslade al grupo hasta el pueblo de Paraitepui, comunidad donde comienza la caminata hasta la base del tepui.


Un recorrido por suaves pendientes onduladas, a lo largo de sinuosos riachuelos y hermosas sabanas llevará a los excursionistas hasta el río Kukenán, punto en donde podrán levantar el primer campamento o decidir seguir caminando hasta la base del Roraima –con la moderada pero constante inclinación del terreno y una serie de lomas empinadas-, este segundo tramo es un auténtico reto para los visitantes y exige de ellos que se encuentren en buenas condiciones físicas.


¡Vegetación exuberante!

 

En la base del tepui predomina la vegetación propia de la selva húmeda, pero a medida que se asciende hacia la cima ésta se ve sustituida por una exuberante variedad de plantas pequeñas y musgos que guías, de la talla de Gumercindo, pueden describir con verdadera maestría –sin desatender la seguridad del grupo al arribar a los precipicios rocosos. “La vista panorámica que uno tiene de la sabana y la abrupta verticalidad de las paredes del tepui son asombrosas” exclama Moy Rondón, integrante de nuestro equipo.

“El trayecto fue hermoso. El camino está lleno de helechos, flores, plantas carnívoras... Esta lección de botánica que recibimos no la voy a olvidar nunca”.


Alcanzada la cima, la meseta se muestra imponente en su extensión y la diversidad de la flora y la fauna con las que se consigue el excursionista son verdaderamente impresionantes; existen allí ecosistemas complejísimos de no más de noventa centímetros de altura que fácilmente podrían pasar inadvertidos por aquellos apresurados aventureros obsesionados con la exploración del inmenso tepui.


Variados microclimas

“Aquí existen formas de vegetación fascinantes por su aspecto y su cantidad, que se presentan como si fueran pequeños jardines japoneses, creando bellas combinaciones florales de helechos, orquídeas, plantas insectívoras”, apunta Francisco Delascio.

“En la cima de los tepuies, se observan una serie de microclimas que contrastan por su exposición a la humedad, el viento, la temperatura y el sol. Generalmente, en aquellos que están mejor protegidos de los elementos de la naturaleza se desarrollan pequeños bosques –o bosques enanos- cuyos árboles miden de dos a cuatro metros de altura.

Y no solamente eso: en otros lugares de esta cumbre existen extensiones pantanosas en donde se forman pequeñas lagunas, que a veces se ven adornadas por islas flotantes de humus”.


Si, atendiendo el mandamiento de los dioses, el visitante conserva una actitud respetuosa frente a la naturaleza y un comportamiento a tono con estos tranquilos paisajes, el clima se mostrará benévolo y le permitirá conocer los famosos “jacuzzis naturales”, el Lago de los Encantos, el Cañón del Diablo, el abismo de Roraima, con sus increíbles paredes verticales; el Maverick, roca que simula la silueta del conocido automóvil y que marcaría –según suele decirse- el punto más alto del tepui; el Valle de los Cristales, con sus hermosas formaciones de cuarzo, compuestas como si de una obra de arte se tratara; y el denominado Punto Triple, lugar en donde convergen las fronteras de Venezuela, Brasil y Guyana.


Conservemos el Roraima Tepui

Por ser el Roraima uno de los monumentos naturales más visitados de la región, el paso del hombre ha dejado huellas tan profundas como indeseadas. La contaminación del ambiente y la extracción de minerales son algunos de los rastros evidentes dejados por excursionistas quienes, pese a ser una minoría, actúan como auténticos agentes destructivos del ecosistema en Roraima, una de las formaciones geológicas más antiguas del escudo guayanés –después de todo, este tepui es visitado por aproximadamente un centenar de turistas al día.


En este sentido, Gumercindo Fernández asegura que la batuta en materia de conservación en Roraima la llevan los miembros de la etnia pemón. “Desde hace más de quince años soy voluntario del Instituto Nacional de Parques (Inparques) en la Gran Sabana; eso me ha dado la autoridad para orientar a los visitantes en lo relativo a la conservación del parque”, explica el baquiano.

 

Aliados ambientales

“Como guía de Roraima he velado por que los grupos a mi cargo se comporten como es debido; también hablo con mis hermanos, los otros guías, para que mantengan el orden entre sus grupos.

Todos le tenemos un gran respeto a la montaña”, asevera Gumercindo, sin desestimar la creciente preocupación que ciertos aliados fuera de las comunidades indígenas están mostrando por la preservación del tepui.


Muestra de ello son las jornadas de saneamiento y recolección de desechos sólidos en el recorrido de ascenso hacia el tepui y varios puntos clave de la meseta que, aunque infrecuentes, han sido organizadas por instituciones gubernamentales y comunidades indígenas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 
 
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