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Treakking
al occidente de La Gran Sabana
Kamarata,
destino final…
Recorrer
la zona occidental de La Gran Sabana es una de las travesías
más hermosas del Parque Nacional Canaima.
En ella impresionantes parajes sabaneros y selváticos
cohabitan junto a comunidades indígenas asentadas
en las faldas de las milenarias montañas del
macizo guayanés: los tepuies.
La comunidad pemón de Pupurken, ubicada en el
sector 3 de Gran Sabana –entre el Aprada, Manakapo
y el Karkaiba tepui-, es el punto de partida del recorrido
que, después de 2 días de travesía,
se llegará a Kamarata, comunidad indígena
establecida a los pies del majestuoso Auyantepui.
Cabe destacar que ésta travesía, exclusiva
entre los habitantes indígenas de la zona, no
es una ruta turística formalmente establecida,
por lo que, desde la redacción del Diario El
Progreso, se extiende un agradecimiento especial al
capitán general del sector 3 de Gran Sabana y
al capitan de Pupurken, Luis García y Mario Carvallo
–respectivamente-, por su valiosa colaboración
para la realización de este reportaje.

Hasta
Pupurken
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Con
el imponente Aprada tepui en el horizonte, la caminata
comienza al recorrer un sendero entre las dispersas
malocas –casas indígenas-, que componen
la comunidad de Pupurken –de menos de una centena
de habitantes-, rumbo a la meseta del Apachi tepui.
Tras dos horas de camino entre verdes sabanas y esporádicas
malocas –no así el paso de ríos,
como el Manakapo, Napoi, Manarepa y Kuayita-, se llega
a la casa más distante de la comunidad y que
marca el final de la sabana de Pupurken. Maloca propiedad
de la familia Juan Pérez, quien a su vez fuera
el guía pemón de la travesía.
A escasos metros de ésta, el camino entra en
una densa zona selvática en la que, sapitos mineros,
dan un colorido singular al sendero; mientras grupos
de langostas se alimentan de la savia de enormes árboles
despreocupadas ante la llegada de extraños. Comportamiento
sereno que las gallinas de monte, paujís o pavas,
no imitan, pues veloces, alzan vuelo al escuchar el
crujir de las hojas de algún caminante.
Un clima fresco, propio de la espesura de la vegetación
y la altitud de las copas de los árboles, filtran
el incandecente sol que, momentos antes abrazaba en
la sabana. Mientras, la inclinación, hasta ahora
llana, va sumando grados de inclinación según
se avanza para alcanzar la cumbre del Apachi tepui.

Colorido
horizonte
La
diversidad de helechos, flores multicolores y plantas
de variadas formas, bien podrían hacer aumentar
el tiempo de ascenso. Justificadamente, además;
que para los lugareños no excede las 2 horas
de caminata.
Tras
alcanzar la meseta del tepui, la vista panorámica
de la selva enmarcada en sabanas que se pierden en el
horizonte, es indescriptible. Aún más
la belleza, al sur, de la punta del Manakapo tepui,
montaña sagrada a la cual los piache o shamanes
indígenas subían a estudiar los conocimientos
ancestrales de la cultura pemón.
De igual forma, ésta meseta, marca el límite
del sector 2 y 3 de La Gran Sabana. Desde este punto,
el camino se torna en descenso sólo encontrando
pequeñas subidas en las próximas cuatro
horas de recorrido.
Culminada la jornada se arriba a la comunidad indígena
de Avaraparu, donde se pernocta.
Con menos de 200 habitantes, esta comunidad mantiene
la arquitectura típica pemón con casas
o malocas de bahareque de forma ovalada y techos de
palma de moriche que, al atardecer, reflejan un hermoso
brillo dorado que contrasta con el azulado Anwarapaimö
tepui de fondo.
La tranquilidad y la ausencia del tiempo es una sensación
perceptible en cada rincón de Avaraparu. Cantos
y risas de niños rompen el silencio del lugar
sin causar desagrado ante la dimensión de la
vasta naturaleza reinante.
Bien
cerca de la meta
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Temprano
en la mañana, la ruta continúa hacia la
comunidad de Kamarata, sector 2 de Gran Sabana. Existen
2 formas de realizarla. Vía fluvial, navegando
por el río Akanan o por la selva y sabana, que
implicarán 8 horas de recorrido.
Decidiendo tomar la vía fluvial –y gracias
a las gestiones del guía Juan Pérez a
quien le facilitaron una curiara pequeña-, se
emprendió el recorrido por las malvas aguas del
zigzagiante río Akanan.
De 4 a 5 horas de navegación a canalete –remo
indígena-, se requieren para alcanzar el puerto
de Kamarata.
En el recorrido, un sin fin de troncos caidos sobre
el angosto río, empujan a los tripulantes a sortearlos,
más no representan mayor riesgo.
El siempre canto de aves se convierte en el aliciente
de viaje que acompaña a cada brazada que se da
con el canalete para desplazar la curiara.
Los sonidos propios de la selva y de un angosto río
poco transitado, hacen que la vista se aguduce para
disfrutar la diversidad de aves y alguna que otra tortuga
terecaya.
Aisladas malocas junto a sus curiaras a la orillas del
Akanan evidencian la autonomía de una cultura
capaz de vivir y crecer en familia, así como
una vasta naturaleza capaz de cubrir todas las necesidades,
las verdaderas necesidades del ser humano.
Eventuales pescadores con mínimas curiaras también
se encuentran en el río, con la tradicional vara
delgada y flexible con el nailón sujeta en su
extremo más angosto y el anzuelo preparado con
una lombriz de carnada.
Hermoso
Kamarata
Tras
cuatro horas de canalete rítmico por el zigzagiante
Akanan el puerto de
Kamarata aparece tras una curva del río. La meta
está cerca.
Ahora, pararse en la curiara para“estacionarla”
es tarea fácil, al toparnos con tierra firme.
Una caminata de 10 minutos, conduce del puerto fluvial
al pueblo de Kamarata con una población de mil
300 personas aproximadamente. En él, se encuentran
algunos de los destinos turísticos más
importantes del estado Bolívar.
Entre las maravillas naturales del valle de Kamarata
se encuentra el imponente Auyantepui, al cual se puede
subir si se cuenta de por lo menos 6 días; las
grutas de Kavak, las cuevas de Yuwan, la cascada de
Akareupa y visitar la típica comunidad pemón
de Santa Marta, o bien podrá bajar por río
al Salto Ángel y desembarcar finalmente en Canaima.
Fotos
para recordar
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