Martín Amado Martínez M
CNP: 11806


 

Gran Sabana, la aventura!


 

 

 

La aventura de La Gran Sabana, comienza al llegar al monumento natural mejor conocido como La Piedra de la Virgen, la cual ha despertado curiosidad y admiración en el colectivo, debido a su imponencia y simbología religiosa, aunque cabe acotar que en este punto del camino todavía falta cierta distancia para entrar al Parque Nacional Canaima.

El monumento “Piedra de la Virgen”

Se trata de un soberbio obelisco natural, ubicado específicamente en el kilómetro 98, de la vía que conduce hacia La Gran Sabana. Algunos insisten en que puede ser tomado como puerta de entrada al Parque Nacional Canaima, aunque para ello todavía faltan algunos kilómetros. De todos modos sirve como un buen punto de referencia al respecto y como primera parada turística en la zona.
La característica primordial de esta antigua formación y precisamente aquella que le da su nombre, es la de una figura que se dibuja en la roca y conforma el rostro de la Virgen. Ese dato prácticamente ha dado la vuelta al mundo, despertando la curiosidad y atención de los visitantes, quienes pasan su tiempo en este lugar, tratando de encontrar el ya mencionado rostro. Cada persona lo ubica en un sitio diferente del gran monolito, incluso algunos afirman que la Virgen escoge ante quien se dejará ver. Lo que llama la atención en este caso, es la fe que manifiestan los creyentes y devotos que conocen este especial monumento y que aprovechan su parada allí, para visitar el altar construido a un lado, encender una vela y orar.
La historia de esta gran roca, cuenta que durante la construcción de la carretera, se intentó en variadas ocasiones dinamitarla, para que pasara por allí el camino, cosa que no fue posible debido a su resistencia (Cabe recordar que pertenece al período precámbrico), no se le pudo quitar ni siquiera un pedazo y esto obligó a los ingenieros encargados de la obra, a replantear el trazado de la vía, modificándolo en la cerrada curva que hoy se aprecia, justamente en este punto.

Continuando la marcha

Al proseguir la ruta, se va acrecentando la inquietud por llegar al descampado prometido, las curvas empinadas se hacen más seguidas, hasta encontrar un letrero ubicado a mano derecha, que da la bienvenida al Parque Nacional Canaima. Un rato y pocos kilómetros después se abre ante la vista el maravilloso paisaje, que se ofrece como una especie de recompensa o premio de la naturaleza a la constancia del viajero, unida al sentimiento de haberse vuelto pequeño... muy pequeño ante la magnificencia natural... es en este momento precisamente, cuando la emoción da paso al entendimiento, permitiendo agradecer la vida y el hecho de estar allí. Se trata de esa agitación que sólo la naturaleza es capaz de producir en el ser humano, sobre todo cuando se enfrenta como espectador ante sus maravillas por vez primera.
Poco después se ubica la segunda parada turística, la cual ratifica de cierta manera la soberanía de Venezuela en este sector, trata de fungir como un mirador y se le conoce como Monumento al Soldado Pionero.

El Monumento al Soldado... para no perderse de nada

La entrada hacia este monumento, se ubica en el kilómetro 136, del lado izquierdo de la carretera, tomando el sentido hacia Santa Elena de Uairén. Principalmente el viajero en este punto se encuentra con un terreno que sirve de estacionamiento y en el cual se levanta una pared bordeada con astas para la colocación de banderas, que con seguridad ondean alguna vez en el año, aunque no en esta oportunidad.
Aunque ese pareciera ser el famoso monumento, el visitante debe dirigirse hacia el otro lado de esa pared, donde ubicará en relieve de concreto, diferentes imágenes alegóricas a las labores de la minería, ingeniería y construcción, llevadas a cabo por soldados. Algunos autores como es el caso de Francisco Vera, sostienen que este monumento es el engendro más feo de Venezuela, otros por su parte manifiestan de manera menos dura que simplemente no es la gran cosa. Esta segunda opción es indiscutible, sobre todo por el espectacular paisaje que lo rodea.

Lo que viene...

A continuación, el camino ofrece diferentes destinos, entre los que cabe mencionar: Salto El Danto, El Fuerte Luepa, Aponwao, Chivatón, Kavanayen, El Torón, El Toroncito, Los Rápidos de Kamoirán entre otros. Cada uno guarda su toque especial que lo diferencia y distingue, por esta razón es importante que el turista defina una especie de itinerario, si no desea utilizar los servicios de las compañías turísticas de la zona, con la finalidad de aprovechar el tiempo y conocer el mayor número de lugares que pueda, o por lo menos aquellos que despierten su interés.

En Los Rápidos de Kamoirán

En el kilómetro 171, se ubica un balneario turístico conocido como Los Rápidos de Kamoirán. Aparte de las maravillas naturales con que cuenta este lugar, cabe destacar que posee la última estación de servicio que se podrá ubicar hasta Santa Elena de Uairén, 144 kilómetros más adelante.
Este balneario turístico, posee una infraestructura totalmente equipada para alojar a los turistas, igualmente al cancelar la módica suma de Bs. 1500 por carpa, es posible armar el campamento dentro de sus instalaciones.
Cuenta con restaurante, baños con agua, un centro de atención turística, abasto para surtirse de enlatados, repelente de insectos, agua potable, refrescos y chucherías entre otras cosas, además de un teléfono público, que permitirá a los visitantes comunicarse con su gente, para hacerles saber como se encuentran y de lo que se perdieron por no acompañarlos.

Si no se desea llegar hasta Santa Elena de Uairén, Los Rápidos de Kamoirán se presentan como una buena opción, se puede recorrer La Gran Sabana y volver hasta allí cuando se requiera el abastecimiento.
Respecto a los Rápidos, cabe destacar que sus aguas pertenecen al río Kamoirán, son frescas e invitan al chapuzón, en época de sequía el caudal baja de manera notable aunque sus pozos se mantienen plenos del liquido vital.


Embrujo sabanero...

El turista en esta región, tiene la oportunidad de establecer un contacto inigualable y total con la naturaleza, a través de sus sentidos:

La vista: se recrea con el contrastante verdor de sus colinas y tepuys, con un cielo que en el día permanece azul intenso, pleno de todos los tipos de nube. Que se tiñe de rojo fuego al ponerse el sol y por las noches se abre al espacio, permitiendo casi tocar las estrellas con sólo estirar el brazo.


El tacto: permite percibir el agradable clima, que sin importar la hora, se mantiene fresco, así como la intensidad del sol, que sugiere el uso de un buen protector para evitar que se resienta la piel, ya que no cesa sino pasadas las 5:30 p.m.
El gusto: ofrece la oportunidad de adentrarse en las raíces de nuestra propia cultura, degustando el Casabe de Yuca, uno de los platos típicos de la zona, así como la catara o “picante de bachaco” y los “bachacos salados”, afirmando de estos dos últimos que aparte de su sabor incomparable, funciona como un poderoso afrodisíaco.
El oído: se acostumbra al acogedor silencio natural, ese que es acompañado por el canto de las aves, por el rugido del río y los saltos, permitiendo hacerse parte de toda la inmensidad.
El olfato: percibe la pureza de un aire fresco, pleno de aromas misteriosos producidos por los tepuys, la especial mezcla que ofrece la lluvia con el también virgen suelo y que permite respirar mucho más profundo que nunca.

Las distintas étnias que habitan La Gran Sabana, cuidan (y esto forma parte de su vida) todos los recursos naturales que este suelo posee, vigilando que ningún turista o visitante, atente por ignorancia contra ellos. Sin embargo, siempre están dispuestos a ofrecer su ayuda y una sonrisa profunda, como su mirada.
Este es el cálido embrujo al que se expone quien visita nuestra Gran Sabana, es como si el alma reconociera en este territorio el principio verdadero de cada uno y le exigiera luego de conocerla, volver de vez en cuando a revivir la aventura, permitiendo el renacer del espíritu.

Martin Amado Martinez M

redaccioncdv@gmail.com

 


 
 

 

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